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Roa Bastos de Gustavo Martínez y Margarita Carriquiry
Este libro profundiza sobre un tema poco abordado en nuestro medio: la obra del escritor
paraguayo Augusto Roa Bastos. Los autores sostienen con argumentos apasionados, convincentes
y rigurosos desde el punto de vista académico su importancia en la literatura paraguaya y
latinoamericana.
Un lenguaje transfigurado por otro desde dentro para dar voz a los que no podían hablar; un
realismo despojado de las anteojeras de la objetividad por la perspectiva mítica, para que la voz y
la mirada funcionaran en armonía, sin traicionarse una a la otra; y, por último, un género
literario rescatado de la inanidad en que lo tenia sumido la situación histórica del país... Tres
actos fundacionales gracias a los cuales lo que era invisible por tradición, indecible por
imposición e ilegible por desprecio pudiera mirarse y decirse a sí mismo ante la mirada de los
otros. En eso consiste el largo viaje de la noche hacía el día que gracias a Roa Bastos, comenzaron
a recorrer la narrativa y, en definitiva, el hombre de su tierra. |
¿Por qué Roa Bastos? ¿Por qué hoy, en Uruguay?
Si en la obra de todo gran artista subyace siempre una sólida concepción estética, que de alguna manera es el sostén de cada pieza, el aliento que respira el conjunto, tal vez su justificación, y sin duda un componente inestimable de su valor, en el caso de Augusto Roa Bastos la concepción estética es una consecuencia natural de una ética, de la que constituye a la vez un elemento esencial y una manifestación evidente.
El escritor paraguayo ha elegido con singular puntería dos ejes temáticos fundamentales, cada uno de los cuales tiene, por sí solo, una enorme densidad, y que conjugados con maestría arrojan un resultado superior: el Cristo y la Guerra del Chaco.
Estoy segura de que no existe en la historia de la humanidad un personaje de mayor trascendencia que el Nazareno. Su influencia, su peso en la historia, el cuerpo de sus enseñanzas, la afirmación insobornable de lo humano y su relación filial con la divinidad, el valor intemporal de su sacrificio, su papel liberador, su compasión, su itinerario profético, lo colocan en la cúspide de la humanidad. Es ese Cristo hijo de hombre el que elige Roa Bastos y el que, desde nuestro Uruguay, tan defensor del laicismo, podemos comprender mejor: el Cristo, encarnación de lo mejor de lo humano.
El otro eje, la Guerra del Chaco, constituye uno de los episodios más dramáticos de la historia de esa nación sufrida y heroica que es el Paraguay. Una instancia en que todo un pueblo se yergue en defensa del lar propio y se embarca en una contienda de vida o muerte en la que logra salir airoso. Como todas las guerras, en el feroz y sangriento escenario se ponen en tensión los mejores recursos, las mayores virtudes y los peores vicios y debilidades de los seres humanos. Héroes y villanos, valientes de una valentía rayana en la locura y cobardes que invitan al desprecio, almas generosas y almas cautivas de la codicia o de la lujuria, la solidaridad y el egoísmo: la guerra ofrece una síntesis cruel de lo humano, y la muerte, la sangre, el dolor, el amor y la traición acentúan sus tintas en su curso.
Todo esto está presente en la obra de Roa, en particular en esa novela maravillosa que es Hijo de hombre, así como en los cuentos a los que hemos destinado estas reflexiones. Al cabo de ellas es posible decir que vemos en Roa Bastos a un cristiano en crisis, rebelde, crítico, moderno, profundamente comprometido –como su mentor– con el hombre y su aventura; y un patriota paraguayo como pocos, un ciudadano de América y del mundo, fiel hasta los tuétanos a una ética de responsabilidad, de cuestionamiento inconforme del mundo tal cual es, que sueña con la justicia,
que ama entrañablemente al pueblo, que padece con el pobre y que se abraza con las banderas de la revolución, de la más profunda revolución: la que busca el hombre nuevo, el "hijo del hombre" síntesis de lo humano mejor.
Don Augusto es, inequívocamente, uno de los grandes. Esta dimensión ética que se verifica a lo largo de su vida y que se hace estética y creación, lo sitúa, sin duda, en el panteón de los mayores.
Por eso lo elegimos, porque compartimos los valores que defiende, porque creemos en la absoluta vigencia de su obra. |